Directo a tu correo, todos los miércoles.
¿Qué quieres entender hoy?
57 El paraguas
Esta semana me di cuenta de que usé la misma metáfora en tres terapias de pareja distintas
Para empezar
Esta semana me di cuenta de que usé la misma metáfora en tres terapias de pareja distintas. Les pregunté: "Si estuvieran caminando juntos y de repente empezara a llover, ¿qué harían?" La respuesta siempre fue inmediata. "Le pondría el paraguas."
Cuando llevamos esto a las discusiones de pareja, nadie dijo: "Como estoy enojado, que se moje." Porque cuando quieres a alguien, protegerlo sale bastante natural. Entonces les hice otra pregunta: ¿Por qué cuando empieza a llover emocionalmente dejamos de hacer exactamente eso?
Para pensar
He visto un patrón repetirse muchísimas veces. Empieza una discusión. Uno necesita tiempo para entender qué está sintiendo antes de hablar. El otro necesita resolverlo “asap” porque, si no, empieza a imaginar escenarios, sobre pensar, darle vueltas, a llenar los silencios con historias. Y ahí empieza una pelea completamente distinta. Ya no están peleando por el tema original. Están peleando contra el miedo del otro.
Mientras uno piensa: "Necesito espacio." El otro escucha: "Ya no le importo."
Mientras uno dice: "No quiero decir algo de lo que me arrepienta." El otro entiende: "Me está dejando sola con esto."
Y la lluvia automáticamente se convierte en una tormenta. Lo curioso es que, en ese momento, los dos dejan de proteger la relación porque están ocupados protegiéndose a sí mismos. No sé si les ha pasado, el ego se vuelve lo más importante.
Para hacer
Por eso les propuse la metáfora del paraguas. No un paraguas literal. Un acuerdo. Una señal que aparezca justo cuando empiezan las discusiones. Puede ser un abrazo. Darse la mano. Un “te quiero”, un “todo bien,” un “equipo”.
Esto para saber que no están en el mejor punto ahorita pero después de un tiempo de procesarlo, van a regresar y lo van a hablar. No resuelve el conflicto. Solo evita que la lluvia empape innecesariamente al uno o al otro, o a los dos. Porque una cosa es necesitar espacio. Y otra muy distinta es dejar al otro sintiendo que se quedó solo bajo la tormenta. Al final, el paraguas no evita la lluvia. Solo nos recuerda que, incluso cuando no estamos de acuerdo, seguimos siendo equipo.
El paraguas no es para dejar de discutir. Es para recordar que la discusión nunca es más importante que la relación.
Para continuar
Esther Perel: Cheating, Codependency & Connection - Esther Perel tiene una forma de hablar sobre las relaciones que siempre me hace pensar. Este episodio no es solo sobre infidelidad; es sobre conexión, conflicto y por qué reaccionamos como reaccionamos cuando nos sentimos heridos. Muy recomendado.
56 ¿Más sensible o más consciente?
Emma* llegó a sesión preocupada por algo que, según ella, estaba empeorando: "Creo que me estoy volviendo demasiado sensible."
Para empezar
Emma* llegó a sesión preocupada por algo que, según ella, estaba empeorando: "Creo que me estoy volviendo demasiado sensible."
En el trabajo había dos compañeras que constantemente hacían comentarios sobre cosas que, según ellas, le correspondían a Emma. No eran grandes conflictos, pero ella terminaba dándoles vueltas todo el día. Pensaba cómo responder, cómo defenderse, cómo evitar equivocarse. Lo que más le preocupaba no era el trabajo. Era sentir que antes esas cosas no le afectaban tanto.
Y tenía razón. Ese mismo mes habíamos empezado a trabajar temas mucho más profundos en terapia. Era como si, después de muchos años, por fin le hubiéramos quitado la tapa a una olla de presión.
Para pensar
Cuando destapas una olla de presión, primero sale todo lo que estaba acumulado. No significa que ahora haya más presión. Significa que por fin la estás viendo.
Creo que en terapia pasa algo parecido. Muchas personas sienten que, al empezar un proceso, se vuelven más sensibles. Lloran más. Les afectan más las cosas. Se cansan más rápido. Y entonces piensan que están empeorando. Pero muchas veces no es que estés peor. Es que antes sobrevivías desconectándote.
Cuando empiezas a poner atención a lo que sientes, también empiezas a darte cuenta de cosas que antes pasaban desapercibidas. Como cuando limpias una ventana: el polvo ya estaba ahí, solo que ahora lo ves.
Para hacer
Hay una diferencia enorme entre ser más sensible y ser más consciente. La conciencia emocional es incómoda porque deja de permitirnos vivir en automático. Pero sentir más no significa que seas más frágil. Solo significa que ahora tienes la oportunidad de decidir qué merece quedarse contigo... y qué no.
En la sesión usamos una imagen que me gustó mucho. Si durante años tuviste una olla de presión completamente cerrada, es normal que cuando por fin le quitas la tapa tengas más cuidado con lo que vuelves a meter. Lo mismo pasa con las personas: no todo comentario merece entrar, no toda crítica merece quedarse, no toda persona merece ocupar tanto espacio en tu cabeza.
Y quizá la pregunta no sea: "¿Por qué todo me afecta tanto?" Sino: "Ahora que por fin puedo ver lo que siento... ¿qué quiero seguir cargando?"
*Cambio de nombre por confidencialidad.
Para continuar
Máxima - Me gustó porque me di cuenta cómo nuestro pasado puede seguir apareciendo incluso cuando nuestra vida cambia por completo. Al final, no importa cuánto avance el contexto; si no entendemos nuestra historia, seguimos reaccionando desde ella.
55 La nube
Sofía* llegó a sesión diciendo que físicamente estaba mejor que nunca. Pero había algo que no cuadraba: tenía todo. Un trabajo que le pagaba bien, horario a su medida, una relación estable. Y aun así, estas dos semanas que no nos habíamos visto, había estado triste.
01 Para empezar
Sofía llegó a sesión diciendo que físicamente estaba mejor que nunca. Pero había algo que no cuadraba: tenía todo. Un trabajo que le pagaba bien, horario a su medida, una relación estable. Y aun así, estas dos semanas que no nos habíamos visto, había estado triste. Esto no era nuevo, esta tristeza aparecía de vez en cuando, llegaba como en ciclos 1 vez cada mes o mes y medio.
Lo que más le sorprendía no era la tristeza. Era que no había motivo, quería culpar a algo o alguien y así poder solucionarla. El fin de semana le propusieron mil planes y no tenía ganas de ir a ninguno, sin que nada hubiera pasado. A mí más que frustración, me dio curiosidad, igual que ella quería encontrar la solución.
02 Para pensar
Cuando empecé a hacerle preguntas, apareció algo importante: Sofía no estaba triste por algo que hubiera pasado esta semana. Estaba cargando algo mucho más viejo.
Entonces imaginamos una nube gris encima de ella. Una nube que aparecía de vez en cuando y le quitaba color a cosas que, en teoría, deberían hacerla feliz. Un plan con amigos. Un fin de semana tranquilo. Una buena etapa de vida. Lo interesante es que la nube no era nueva. Llevaba años ahí. Y creo que muchas veces confundimos sanar con aprender a funcionar. Si sientes que esto te pasa a ti, creo que tengo la solución.
Aprendemos a trabajar alrededor de ciertas heridas. Construimos relaciones, carreras, rutinas nuevas. Seguimos avanzando. Y desde fuera parece que ya quedó atrás. Pero a veces no hemos sanado realmente. Solo hemos aprendido a vivir alrededor de eso.
Sofía creció en una familia donde el cariño no se expresaba de la manera que ella necesitaba. Aprendió muy pronto a buscar aceptación, reconocimiento y validación. Y aunque ha construido una vida completamente distinta, sigue midiendo su valor con reglas que pertenecen a otra época de su vida. Y creo que a muchos nos pasa lo mismo.
03 Para hacer
Y ahí fue cuando apareció una pregunta que se quedó conmigo toda la semana: ¿Qué es algo de lo que nunca has sanado, solo has aprendido a vivir alrededor de ello?
Porque esas heridas suelen ser silenciosas. No siempre aparecen como crisis. A veces aparecen como una tristeza que no entiendes. Como una sensación constante de que algo falta. Como la necesidad de que alguien te reconozca para poder sentirte suficiente. Como una nube que aparece una vez al mes y te recuerda que hay algo que sigue pidiendo atención.
Lo más incómodo de la sesión fue esto: la nube sigue, no porque no hayas trabajado en ti. Sigue porque no sabes verte sin ella.
Después de tantos años, la nube dejó de sentirse como una visitante y empezó a sentirse como parte de la identidad de Sofía. La pregunta no es cómo quitar la nube de golpe. Es empezar a cuestionar los criterios con los que te mides.
A veces el trabajo es preguntarte si sigues viviendo con reglas que ya no te pertenecen. ¿Sigues intentando ganarte una aceptación que ya no necesitas? ¿Sigues midiendo tu valor con criterios que aprendiste cuando tenías ocho años? ¿Sigues persiguiendo algo que, aunque lo consiguieras, nunca terminaría de llenar ese vacío?
Porque tal vez crecer no es convertirte en alguien nuevo. Tal vez crecer es dejar de organizar tu vida alrededor de heridas que ya no deberían estar tomando tantas decisiones por ti.
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
54 Que importe sin que te defina
Ayer Fede* me platicaba algo que me dio muchísimo gusto escuchar. Hace unos meses, su empresa era prácticamente él.
Para empezar
Ayer Fede* me platicaba algo que me dio muchísimo gusto escuchar. Hace unos meses, su empresa era prácticamente él. Y no me refiero solo a que fuera un “one-man show” o que hiciera todo él (que sí), sino una carga mucho más pesada: si un cliente se iba, sentía que él había fallado. Si las ventas bajaban, dudaba de su capacidad. Si algo salía mal, era como si le arrancaran un pedazo de quién era.
Llevábamos varias sesiones trabajando esa idea (que, si llevan tiempo leyendo estas newsletters, probablemente les suena conocida). Porque una cosa es que tu trabajo sea importante para ti y otra muy distinta es que tu valor dependa de cómo le vaya. Entonces le pregunté: "¿Qué pasaría si tu empresa quebrara?"
Se quedó pensando unos segundos. Y respondió: "Me daría muchísima tristeza... pero ya no sentiría que yo valgo menos."
Para pensar
Creo que esta respuesta describe muy bien la elasticidad psicológica. No significa que las cosas ya no te importen. Significa que pueden importarte sin definirte.
Antes: la empresa va mal → yo soy un fracaso. Hoy: La empresa va mal → estoy triste.
Parece una diferencia pequeña, pero creo que para Fede cambia por completo la forma de vivir. La tristeza sigue existiendo. La incertidumbre sigue existiendo. El miedo también. Lo que desaparece es el colapso de identidad.
Creo que muchas veces pensamos que sanar significa dejar de sufrir. Pero si tu empresa quiebra, claro que va a doler. Si terminas una relación importante, claro que va a doler. Si pierdes algo que amas, claro que va a doler. La meta no es anestesiarnos. La meta es que el sufrimiento no se lleve puesto quién eres. Eso, para mí, es la verdadera elasticidad psicológica: poder doblarte sin romperte.
Creo que el objetivo de la terapia no es dejar de sufrir. Es sufrir por las razones correctas.
Para hacer
No creo que el objetivo sea dejar de involucrarnos. Ni que dejen de importarnos nuestro trabajo, nuestras relaciones o nuestros proyectos. Creo que el objetivo es otro: Que podamos entregarnos en todo lo que hacemos sin poner nuestra identidad en riesgo. Porque el día que las cosas no salgan como esperábamos (que, tarde o temprano, va a pasar), va a haber dolor. Pero ese dolor no tiene por qué convertirse en una crisis de identidad.
Y mis siguientes preguntas para Fede son: ¿Qué cosas te importan tanto que, si las perdieras, sentirías que también te pierdes a ti? Porque, al final, la pregunta más importante es: ¿qué seguiría siendo cierto sobre ti, incluso si eso desapareciera mañana?
*Cambio de nombre por confidencialidad.
Para continuar
Si esta newsletter resonó contigo…
Este espacio empezó para poder reflexionar juntos los temas que más veo en consulta: autoexigencia, ansiedad, necesidad de demostrar, miedo a no ser suficiente y todas esas conversaciones internas que muchas veces vivimos en silencio.
Hace poco terminé de juntar todo en un programa de acompañamiento de 6 meses, diseñado para ayudarte a desarrollar autosuficiencia emocional: entender lo que sientes, identificar los patrones que te afectan y tomar decisiones con mayor claridad y coherencia.
El objetivo no es que dejes de ser ambicioso, sensible o exigente. Es que puedas seguir construyendo proyectos, relaciones y metas sin que tu valor dependa del resultado.
Si sientes que necesitas este espacio más profundo de trabajo, puedes agendar una sesión de valoración de 25 minutos, sin costo. Platicamos de lo que estás viviendo y vemos si este proceso hace sentido para ti.
53 Ordenar antes de avanzar
En la terapia de pareja de hoy los notaba mejor a los dos.
01 Para empezar
En la terapia de pareja de hoy los notaba mejor a los dos. Se sentían como equipo y cada uno traía a la sesión una actitud de cooperar, ayudar y cambiar la situación que estaban viviendo, algo que antes no tenían. Pero luego Valeria* me dijo que sentía que algo faltaba. En la práctica, hacer equipo no es solo tener buena intención: es confiar.
Valeria me contaba que muchas veces ella terminaba “atrás de él”, recordando, empujando, tratando de que las cosas se concreten: planes, logística, pendientes. Y aunque viene desde un buen lugar —que todo funcione— también es agotador. Para ella… y para la relación.
02 Para pensar
A mí me sonaba un poco a no querer soltar el control. No desde el “a ver si lo hace”, sino desde un lugar más profundo: darle espacio al otro para que también aparezca.
Y aquí usamos una metáfora que me gustó mucho: si tienes un clóset desordenado y sigues metiendo cosas sin parar, llega un punto en el que cada vez que lo abres todo se te cae encima. No porque haya demasiadas cosas necesariamente, sino porque nunca te diste el tiempo de ordenarlo desde el principio.
En pareja pasa algo muy parecido. Empezamos a hacer, resolver, avanzar, tomar decisiones… sin realmente haber ordenado antes: ¿Qué es importante para nosotros? ¿Cómo queremos funcionar? ¿Qué espera cada uno?
Y entonces todo se empieza a acumular: pendientes, expectativas, pequeñas frustraciones. Hasta que un día “abres la puerta”… y todo cae.
Digo que no necesariamente hay demasiadas cosas en el clóset porque vimos que muchas de las fricciones no venían de grandes problemas, sino de cosas que nunca habían terminado de hablar: expectativas distintas, ideas diferentes de lo que significa “hacer equipo”.
03 Para hacer
A veces creemos que para que una relación funcione necesitamos más esfuerzo. Pero muchas veces lo que se necesita es parar y ordenar, antes de seguir metiendo cosas al clóset.
No basta con tener buena actitud. Hace falta claridad. Pequeños acuerdos que centren la relación: ¿Qué sí es importante para nosotros? ¿Qué no es negociable? ¿Qué podemos soltar?
También apareció algo muy concreto para Valeria: su día no tenía espacio para todo lo que quería sostener. Y eso también es información. Porque, como platicábamos en la newsletter pasada, no todo se puede hacer al mismo tiempo.
Soltar no es desentenderte. Es dejar de cargar con todo tú. Y confiar no es que el otro lo haga perfecto. Es darle la oportunidad de hacerlo a su manera. Creo que, a lo mejor, hacer equipo no empieza haciendo más juntos. Empieza ordenando lo que ya está.
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
Seguro ya te lo recomendaron alguna vez, y si no lo quieres leer completo (aunque es cortito) te recomiendo que hagas el test online.
A veces creemos que estamos dando todo en una relación… pero no necesariamente estamos dando lo que el otro necesita. Entender esto puede evitar muchos malentendidos y, sobre todo, ayudar a construir acuerdos más claros desde el principio, en lugar de asumir que “hacer más” es suficiente.
52 Todo para todos
Andrés* llegó a sesión con el cuerpo tratando de decir algo que él no había dicho: unas ronchas en la piel
01 Para empezar
Andrés* llegó a sesión con el cuerpo tratando de decir algo que él no había dicho: unas ronchas en la piel que Chatgpt le dijo que eran reacción de estrés, cansancio extremo, dos semanas sin dormir bien… y un ataque de ansiedad donde sentía que no podía respirar.
Cuando empezamos a desmenuzar qué estaba pasando, todo apuntaba a lo mismo: estaba haciendo demasiado. Trabajo, pendientes, estar para todos, resolver todo para todos, parecía que tenía tiempo para todos menos para él.
Pero eso ya lo sabíamos. El me decía que era como autosabotaje, pero yo creía que de algo le servía este comportamiento. La pregunta fue: ¿qué estás cubriendo al querer darle todo a todos?
02 Para pensar
Poco a poco apareció algo más claro: Andrés necesitaba sentirse necesario.
En el trabajo, haciendo de todo.
En su relación pasada, sintiéndose indispensable.
En Instagram, subiendo la historia dónde sabía que alguien iba a reaccionar.
Y eso puede confundir mucho, porque “dar todo” se ve bien desde afuera. Pero no siempre viene desde un lugar genuino. A veces viene desde el vacío. Andrés decía que extrañaba a su ex. Pero al profundizar, no era tanto a ella… era cómo ella lo hacía sentir. Esa sensación de ser visto, elegido, importante.
Y cuando eso no está, lo empezó a buscar en otros lugares. Trabajando de más. Dando de más. El problema es que nada de eso realmente llena. Porque no es lo mismo recibir atención… que sentirte valioso. Lo segundo lo podemos conseguir externamente pero sólo momentáneamente.
03 Para hacer
Cuando le pregunté a Andrés qué pasaba si hacía menos, me decía que no quería que dudarán de su capacidad. Y ahí es cuando pensamos en algo diferente: “Puedo, pero no quiero.”
Esto tiene mucho más poder que no poder decir que no. Porque no se trata de demostrar que puedes con todo. Se trata de empezar a elegir dónde sí quieres estar y dónde nada más no vale la pena.
Parte del desgaste de Andrés venía de no ponerse límites. De no decir “hasta aquí”. De no darse permiso de no poder o no querer. Y también de algo más incómodo: dejar de buscar atención en todos lados y empezar a construirla en lugares más seguros. En él. En lo que sí hace bien. En lo que sí es, sin tener que exagerarlo, probarlo o ponerse máscaras.
Porque cuando tu base está llena —de seguridad, de valor propio— ya no necesitas estar dando de más para que alguien te voltee a ver y la valide.
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
Super chick flick, pero muy alineada con este tema: cómo buscamos validación en el trabajo, en relaciones y en quién creemos que deberíamos ser.
51 ¿Qué tan fácil es tumbarte?
En una sesión reciente, una paciente me preguntaba cómo un comentario le podía afectar tanto.
01 Para empezar
En una sesión reciente, una paciente me preguntaba cómo un comentario le podía afectar tanto. Estaba en el gimnasio y el guardia le dijo, en tono casual, que si se acababa de levantar porque se veía un poco despeinada. Nada grave, evidentemente.
Pero después de eso, se empezó a acomodar el pelo, se sintió incómoda, un poco expuesta. Me dijo que no pudo poner atención los primeros 15 minutos de la clase.
Ya llevábamos varias sesiones tocando el tema del rechazo y sentí que estaba conectado. Ella sentía que su relación con el rechazo era otra desde que empezamos a trabajar juntas. Claro que ha habido cambio. Pero con este ejemplo nos dimos cuenta que todavía había cosas pequeñas que la mueven más de lo que le gustaría.
02 Para pensar
Lo que empezamos a ver es que el problema no era el comentario (se lo podrían imaginar por las newsletters pasadas). Era qué tan fácil ese comentario podía mover su seguridad.
Un comentario pequeño → una reacción grande.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿por qué me dejó sentir así de fácil?
Muchas veces creemos que ya “trabajamos” el tema del rechazo porque ya no explotamos, ya no nos derrumbamos. Pero seguimos reaccionando internamente. Cambia el comportamiento, pero la sensación sigue ahí. Te comportas diferente, pero te sigues sintiendo igual.
Le preguntaba si creía que había algo de ella que no pudiera ser tocado por la opinión de alguien más. Y es que, claro, sientes pena si alguien te dice que vas despeinada, pero ¿por qué eso te debería quitar la oportunidad de disfrutar una parte de tu clase de ejercicio?
Porque si todo en ti es movible, entonces cualquier comentario te desestabiliza, todo afuera se vuelve demasiado importante. Te quieres ir del gimnasio, del partido, de la conversación. No por lo que pasó, sino por lo que se activó.
03 Para hacer
No se trata de que nada te afecte. Eso no es real. Se trata de construir algo interno que no sea tan fácil de tumbar y lo demás va a ir y venir. Yo lo describí como una cápsula: algo que no dependa de cómo te ven ni de lo que dicen de ti.
Esa cápsula no puede estar hecha de: “mis amigas dicen que soy honesta, trabajadora y leal”. Si tu no lo sientes verdad, es muy fácil que alguien te venga a decir lo contrario. Tienes que estar segura tú del valor de esa cápsula. Sí tienes identificado qué de ti es sólido, intocable, el comentario cambia de lugar. Ya no define. Solo incomoda y pasa. No necesitas que el mundo deje de opinar. Necesitas algo en ti que no cambie cada vez que lo hace.
04 Para continuar
Brené Brown es top, una guía de como dejar de construir tu valor desde la validación externa y empezar a sostenerte desde adentro.
50 ¿Leones o plantas?
Esta semana sentí que mis pacientes estaban conectados, usé la misma metáfora con tres pacientes distintos y en todos hizo click.
01 Para empezar
Esta semana sentí que mis pacientes estaban conectados, usé la misma metáfora con tres pacientes distintos y en todos hizo click.
Les decía: muchas veces vamos por la vida como si estuviéramos rodeados de leones. Personas que pueden juzgarnos, rechazarnos, ignorarnos, hacernos sentir incómodos. Y si ves leones, tu cuerpo reacciona como si estuviera en peligro: te pones en modo defensa, te cierras, evitas, te preparas para atacar o huir. La famosa teoría de fight or flight.
Todo empieza a sentirse más intenso de lo que realmente es. Un paciente me decía que le daba mucha ansiedad ir a un running club. Le pregunté qué era lo peor que podía pasar. Después de pensarlo, me dijo: “Que alguien me hable… y no sepa qué contestar.” No era un león. Pero su cuerpo sí estaba reaccionando como si lo fuera.
Pero ¿qué pasaría si no viéramos a todos como leones?
02 Para pensar
Muchas de las cosas que hoy sentimos como amenaza no vienen del presente. Vienen de experiencias pasadas donde sí hubo incomodidad, rechazo o juicio. Y entonces aprendemos a generalizar: si una vez dolió, mejor prevenir siempre.
Pero en ese intento de protegernos, la mente empieza a ver leones en todos lados. Cuando en realidad, muchas de esas personas… son plantas.
No te están atacando. No están pensando tanto en ti. No están evaluando cada movimiento. Solo están ahí, existiendo, igual que tú. El problema no es solo ver leones donde no los hay. Es vivir reaccionando desde ahí.
Porque si entramos en modo defensa, el mundo se siente más hostil. Nos cerramos, nos tensamos, nos alejamos. Y muchas veces eso genera justo lo que queríamos evitar. Y entonces se refuerza la idea: “¿ves? sí eran leones.”
03 Para hacer
No se trata de convencernos de que no existen los leones. Claro que existen. Hay personas difíciles, momentos incómodos, situaciones que sí requieren límites o distancia. Pero también hay plantas.
Tal vez el trabajo no es dejar de sentir miedo, sino empezar a cuestionarlo. ¿Esto que estoy viendo es realmente un león… o lo estoy interpretando así?
Y poco a poco entrenarnos a ver diferente, ir viendo plantas en vez de leones. A confiar en que, si algún día aparece un león de verdad, vamos a poder detectarlo. Y vamos a saber qué hacer. Pero mientras tanto, vivir reaccionando como si todo fuera peligro… también cansa y no te permite disfrutar.
Creo que la mayoría de las veces no necesitamos protegernos más.
04 Para continuar
Este es el newsletter número 50.
49 “Vida perfecta”
Paula* llegó a la sesión de ayer con un Para Pensar que no le había gustado nada: hacer una lista de cosas por las que se sentía culpable.
01 Para empezar
Paula* llegó a la sesión de ayer con un Para Pensar que sentí que no le había gustado nada: hacer una lista de cosas por las que se sentía culpable. Desde el principio me dijo que no quería pensar demasiado en eso. Sentía que había muchas cosas que venía acarreando desde hace años.
Platicábamos de sus varios arrepentimientos: gastos impulsivos, compras compulsivas, demasiado alcohol. Todo, “muy normal”. Me decía: “Trato de convencerme de que no estuvo tan mal… pero mi culpa se siente como si sí.”
¿Por qué esta culpa ocupaba tanto espacio? Empezamos a explorar qué había detrás de esos comportamientos. Era como si, en lugar de abrir la olla de presión para ver qué había dentro, prefiriera seguir llenándola: más compras, ruido, distracciones; lo que sea para no ver el vacío que estaba abajo.
02 Para pensar
Luego pensamos en esta contradicción: Paula tiene una vida que, desde fuera, parece muy bien armada: trabajo estable, estabilidad económica, amigas, salud, planes, viajes. Y aun así siente que algo le falta, como si no todo acabará de embonar perfectamente
Cuando hablábamos de esa “vida perfecta”, apareció otra pregunta importante: ¿qué está empujando realmente esa vida? A veces no es solo deseo o satisfacción, sino la ansiedad, la culpa, la sensación de que hay que compensar algo. Como si la vida la estuviéramos construyendo para tapar algo más profundo.
Pero muchas veces esa culpa no tiene tanto que ver con lo que pasó, sino con la historia que nos contamos después.
03 Para hacer
Y la culpa no es necesariamente negativa; puede ser útil cuando nos ayuda a reparar algo. Pero cuando se queda demasiado tiempo, empieza a convertirse en otra cosa: una forma de castigarnos.
¿Qué está motivando realmente tu vida hoy? ¿Deseo? ¿Curiosidad? ¿Alegría? ¿O, cómo en el caso de Paula, ansiedad, miedo y necesidad de compensar?
Porque cuando intentamos llenar un vacío desde la culpa, se vuelve agotador y casi nunca logramos que se sienta suficiente. Y el trabajo entonces no es seguir agregando cosas a esa “vida perfecta”, sino detenernos un momento a mirar qué es lo que realmente hay en esa olla de presión. A veces la vida perfecta no es el problema. Es lo que estamos intentando esconder debajo de ella.
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
Michelle Obama: We Still Go High -
Habla principalmente de la culpa, sobre todo en las mujeres y especialmente en las mamás. Pero yo quisiera que Michelle Obama fuera mi amiga. Vale mucho la pena escucharla
48 ¿Pasado o presente?
En un libro que estaba leyendo encontré una historia que me llamó mucho la atención. Hablaba de Ellen y su hermano, ella lo envidiaba profundamente. Sentía que él tenía el lugar, la atención y el reconocimiento que ella deseaba dentro de su familia.
01 Para empezar
En un libro que estaba leyendo encontré una historia que me llamó mucho la atención. Hablaba de Ellen y su hermano, ella lo envidiaba profundamente. Sentía que él tenía el lugar, la atención y el reconocimiento que ella deseaba dentro de su familia.
Lo interesante es que Ellen nunca pudo ver que tal vez su hermano también la envidiaba a ella. Ninguno de los dos se sentía poderoso .Ninguno sentía que tenía suficiente lugar. Con el tiempo quedaron atrapados en una especie de lucha silenciosa: uno era el que envidiaba y el otro el objeto de la envidia. Y en ese juego no había un lugar seguro para estar.
02 Para pensar
Lo que empezó como su dinámica familiar terminó filtrándose a otras áreas de la vida. Las batallas emocionales del pasado empezaron a aparecer en el presente, con otras personas, en otros contextos.
A veces creemos que estamos reaccionando a lo que está pasando hoy. Pero en realidad estamos reaccionando a algo mucho más antiguo.
Muchas de nuestras reacciones actuales no nacen en el presente, sino en historias que empezaron hace mucho tiempo. Una rivalidad con un hermano, una comparación constante o, cómo en este caso, la sensación de que alguien siempre tenía más atención, más lugar o más reconocimiento.
Cuando esas dinámicas no se procesan, se quedan congeladas en el tiempo. Y entonces el presente empieza a parecerse al pasado.
Otro paciente me decía que no podía entender por qué competía tanto con su “co-worker”: su éxito se sentía como amenaza o cuando lo criticaba era como si de verdad le disminuyeran su valor. No porque objetivamente lo sea, sino porque activa una historia vieja que todavía no terminamos de entender. Y sin darnos cuenta, empezamos a recrear las mismas peleas mentales de las cuales según nosotros queremos escapar.
03 Para hacer
A veces el trabajo no es cambiar lo que está pasando hoy, sino entender de dónde viene la intensidad con la que lo estamos viviendo. ¿Esto que siento pertenece realmente a esta situación o se parece a algo que viví antes?
O una de mis preguntas favoritas en las sesiones: ¿A quién te recuerda esta dinámica? Cuando logramos ver la raíz, algo cambia. La reacción deja de ser automática. Podemos empezar a distinguir entre lo que es el presente y lo que es un eco del pasado. Al final, como pasa en muchos procesos terapéuticos, entender la historia no es quedarse atrapado en ella. Es usarla como guía..
“Like all good analyses though, you have to understand where you have been to figure out where you want to go.”
04 Para continuar
The Bear - Tiene estos patrones reciclados escritos por todos lados.
47 Logros = valor
Mariana llegó a la sesión de ayer agotada: mucho trabajo, dos posibles lesiones y no ha podido correr.
01 Para empezar
Mariana* llegó a la sesión de ayer agotada: mucho trabajo, dos posibles lesiones y no ha podido correr.
Me platicaba que cuando dejó de correr, algo cambió: empezó a detectar más errores, se volvió más rígida, más exigente. Y entonces apareció la pregunta incómoda: ¿es exigencia… o es algo más?
En la sesión empezamos a conectar puntos. De chiquita, Mariana era de dieces. Hasta cuarto de primaria. Un día no le dieron una mención por conducta y algo se rompió. Desde entonces: mínimo indispensable… excepto en lo que representaba un reto. Si algo era difícil, se obsesionaba. Si algo parecía imposible, lo quería más. Con las relaciones pasaba lo mismo. Si era complicado, se involucraba. Si era fácil… perdía interés.
¿Qué tanto esta obsesión está conectada con el valor propio? Su respuesta: “Si no termino algo, es como si me quitaran un pedazo”.
02 Para pensar
Correr un medio maratón lesionada, después de que su fisioterapeuta le dijo que lo reprogramara, fue el ejemplo perfecto. Se trataba de demostrar que sí puede cuando alguien duda. Ya no era solo ambición, es identidad.
En su casa hubo exigencia, admiración por el esfuerzo, la idea de que lo que tienes lo construyes; nada es regalado. Nada de eso es malo. Yo siempre digo que estoy segura de que el 98% de los papás no quieren hacerles daño a sus hijos: mandan la mejor jugada que pueden, pero cada hijo la recibe diferente. El problema es cuando el mensaje se convierte en: “Valgo cuando logro”.
Entonces descansar se vuelve peligroso y soltar se vuelve una amenaza. Y si Mariana valiera solo por existir, sin demostrar nada… ¿qué pasaría con toda esa estructura?
03 Para hacer
No se trata de dejar de ser ambiciosa ni de querer que no te vaya bien. Pero vale la pena preguntarte: ¿estoy persiguiendo esto porque lo deseo… o porque lo necesito para sentir que valgo?
Hay una diferencia enorme entre compromiso y obsesión: el compromiso nace del deseo; la obsesión nace del miedo.
Tal vez el verdadero reto no es correr lesionada para demostrar que sí puedes. Tal vez el reto más difícil es intentar algo… y no necesitar que el resultado confirme quién eres. Porque cuando tu valor no depende del marcador, puedes jugar sin miedo. Y cuando no juegas con miedo, te permites disfrutar y, curiosamente, juegas mejor.
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
Open - Autobiografía que toca el mismo tema de hoy. Aunque por fuera se vea una vida llena de logros, creo que es importante cuidar la narrativa que nos contamos sobre nosotros mismos.
46 Lenguaje interior
Andrea llegó a sesión con una sensación clara, pero difícil de nombrar. Quería “cerrar ciclos”, dijo, sin saber exactamente cuáles.
01 Para empezar
Andrea* llegó a sesión con una sensación clara, pero difícil de nombrar. Quería “cerrar ciclos”, dijo, sin saber exactamente cuáles. Indagando un poco más en el tema, casi sin darse cuenta, soltó una frase que luego nos dimos cuenta que llevaba años acompañándola: “Es que yo soy difícil de querer.”
Lo que más me llamó la atención es que no lo dijo con drama. Lo dijo como quien repite un dato. Como si fuera una característica fija, incuestionable. Esa frase no nació de la nada. Vino de su historia, de ver a su mamá en relaciones complicadas, de aprender temprano que querer y ser querida podía doler. Mientras escuchaba, pensaba: ¿Difícil para quién? ¿Difícil desde dónde?
Pero la pregunta no fue por qué la aprendiste, sino: ¿qué escondes detrás de esa etiqueta?¿Quién te la puso… y de qué te sirve seguir usándola?
02 Para pensar
Ser “difícil de querer” funciona como defensa. Si soy difícil, no me expongo. Si soy difícil, no dejo que me conozcan del todo. ¿Para qué intentar, si igual no me van a querer?
Y entonces se vuelve verdad: probablemente sí eres “difícil de querer”… no por quien eres, sino por la muralla que levantaste para protegerte.
Lo conecté con otro paciente que decía que solo le gustaban “las güeras con ojos azules”. Con el tiempo entendimos que no era una preferencia estética: era una forma de elegir personas emocionalmente poco disponibles, para no tener que mostrarse él. Las etiquetas —sobre otros o sobre nosotros— suelen ser atajos para no mirar más profundo.
03 Para hacer
Decirte “soy difícil de querer” es un lenguaje interno que tal vez llevas usando 20 años. Y sí, es bien difícil cambiarlo. Cambiar ese lenguaje interno incomoda. Dejar de esconderte incomoda. Mostrarte sin la etiqueta incomoda.
Lo que más solemos lamentar no es haber sentido miedo, sino no haber tenido el valor de ser más honestos, más amables, más fieles a nosotros mismos. Muchas veces, la incomodidad es el precio de vivir en congruencia.
“I believe that what we regret most are our failures of courage, whether it’s the courage to be kinder, to show up, to say how we feel, to set boundaries, to be good to ourselves. For that reason, regret can be the birthplace of empathy. When I think of the times when I wasn’t being kind or generous—when I chose being liked over defending someone or something that deserved defending—I feel deep regret, but I’ve also learned something: Regret is what taught me that living outside of my values is not tenable for me. Regrets about not taking chances have made me braver. Regrets about shaming or blaming people I care about have made me more thoughtful. Sometimes the most uncomfortable learning is the most powerful.” - Brené Brown, Rising Strong
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
Victoria - Ahora sí que nada que ver con el tema, pero por si quieres una novela que no puedas soltar.
45 Personalidad evitativa
En la sesión de ayer, Alex* notó un patrón que llevaba tiempo repitiéndose en su vida. No era algo escandaloso, ni dramático. Era más sutil: evitaba.
01 Para empezar
En la sesión de ayer, Alex* notó un patrón que llevaba tiempo repitiéndose en su vida. No era algo escandaloso, ni dramático. Era más sutil: evitaba.
Evitaba conversaciones incómodas en el trabajo.
Evitaba pedir home office, aunque sabía que lo necesitaba ahora que compartía carro.
Evitaba hablar con su pareja de ciertos temas logísticos que lo hacían sentir vulnerable.
Evitaba pedir favores.
Concluimos que no era flojera, ni era desinterés. Era incomodidad. Cuando le pregunté qué era lo que más le costaba de esas situaciones, su respuesta fue muy honesta: no sabía lidiar con lo incómodo que se sentía cuando tenía que pedir algo o exponerse un poco más.
02 Para pensar
¿Por qué sentimos que no somos capaces de atravesar la incomodidad? Muchas veces no es que no tengamos la capacidad, sino que no confiamos en ella. No confiamos en que podemos sostener la sensación de nervio, de miedo, de posible rechazo o de incertidumbre. Entonces hacemos lo que parece más seguro: evitamos.
Lo dejamos para después, pero el problema es que la incomodidad ignorada no desaparece. Se acumula. Se convierte en carga mental, en culpa; a veces grande o a veces chiquita, pero constante. Esa sensación de qué pudimos haber hecho las cosas diferente.
Luego notamos algo más: cada vez que Alex sí atravesaba esa incomodidad —cuando hablaba, pedía, se explicaba— el resultado la mayoría de las veces no era perfecto, pero siempre era mejor que el que se había imaginado. Y, sobre todo, aparecía algo muy claro después: alivio. Ese tipo de alivio que solo llega cuando haces algo que pensabas que no podías.
03 Para hacer
No se trata de forzarnos a vivir incómodos todo el tiempo. Se trata de empezar a notar qué incomodidades valen la pena. Hay una diferencia enorme entre la incomodidad que te desgasta y la incomodidad que te expande. La segunda casi siempre viene acompañada de crecimiento, de claridad y de una sensación silenciosa de confianza en ti.
No sentir incomodidad te puede proteger, pero también limitarte. Creo que necesitamos confiar un poco más en nuestras capacidades.
¿Estoy evitando porque no puedo, o porque no quiero sentir lo que aparece?
Empujar un poco a través de la incomodidad no nos rompe. Muchas veces hace exactamente lo contrario: nos demuestra que sí somos capaces.
*Cambio de nombre por confidencialidad.
04 Para continuar
Estoy construyendo algo nuevo para Para Pensar.
Si eres de las personas que leen esto y sienten que a veces funcionan perfecto por fuera pero por dentro hay ruido, cansancio o preguntas sin resolver… me gustaría escucharte.
Preparé un formulario de 30 preguntas (cortitas pero interesantes) para escuchar con más claridad.
Contestar formulario confidencial.
Gracias por ayudarme a construir algo que realmente nos represente :)
44 Productividad vs. presencia
El otro día le dije a un paciente algo que la descolocó un poco: “Eres buenísimo siendo productivo, casi cómo si le tuvieras miedo a estar presente.”
01 Para empezar
El otro día le dije a un paciente algo que la descolocó un poco: “Eres buenísimo siendo productivo, casi cómo si le tuvieras miedo a estar presente.”
Se quedó en silencio. Porque ser productivo se siente bien. Da estructura, sientes que avanzas, da ilusión de control. Pero estar presente es otra cosa. Estar presente significa estar contigo… sin tareas, sin ruido, sin “to-do lists”. Y le sacamos la vuelta porque ahí es donde empiezan a aparecer pensamientos incómodos, emociones que habíamos empujado al fondo de la olla, preguntas que no quieres escuchar.
Entonces hacemos lo que mejor sabemos hacer: llenarnos de cosas. Siempre hay algo más que hacer antes de simplemente estar.
02 Para pensar
Vivimos con la idea de que hacer más es avanzar más. Pero hay un punto donde la productividad deja de ser una herramienta y se convierte en una forma de anestesia. Cada vez que bajamos el ritmo, que hay silencio, que no hay una tarea urgente… aparecen preguntas como:
“¿Estoy donde quiero estar?”
“¿Por qué me siento así?”
“¿Y si esto no es suficiente?”
Y antes de que esa incomodidad crezca, hacemos lo más accesible: meterte a Instagram, o a Tiktok o por fin contestar ese Whatsapp, organizar algo, empezar algo nuevo. No porque sea importante. Sino porque sentir lo que hay adentro es más difícil que hacer algo afuera.
El problema es que ese cambio constante de estímulo — notificaciones, conversaciones, pendientes — no solo nos quita concentración. Nos quita algo más profundo: la capacidad de estar con nosotros mismos. El cerebro entra en modo supervivencia: ve estímulo → reacciona → olvida → siguiente estímulo.
Y poco a poco nos acostumbramos a no profundizar en nada.
03 Para hacer
Creo que la productividad y la presencia no están peleadas, pero sí necesitamos encontrar momentos para las dos. ¿Estoy haciendo esto porque es importante… o porque no quiero sentir lo que aparece cuando paro?
Cada vez que sientes (sí, literalmente cuando vibra tu celular) una notificación, tu cerebro no está haciendo dos cosas al mismo tiempo —está apagando y volviendo a encender la atención. “Según la neurociencia, después de cada notificación, tu mente tarda aproximadamente 23 minutos en volver a concentrarse plenamente en lo que estabas haciendo antes.”
Eso significa que si revisas el celular con frecuencia, en realidad nunca llegas al estado profundo de productividad o de flujo en TODO el día laboral.
La presencia no siempre es romántica. Muchas veces es incómoda, inquieta, confrontante. Pero también es el único lugar donde podemos escucharnos de verdad.
04 Para continuar
Podcast - Niños Conectados y Papás Desconectados
Se me pasaron rapidísimo las 3 horas que dura. Muy recomendado para papás, pero también para quienes queremos cambiar nuestra relación con las pantallas.
43 Libreta emocional (Copy)
Ayer le estaba tratando de explicar algo a un paciente y le hice una gráfica. Dibujé una línea horizontal en medio de una hoja. Esa línea era la base emocional
01 Para empezar
Ayer le estaba tratando de explicar algo a un paciente y le hice una gráfica. Dibujé una línea horizontal en medio de una hoja. Esa línea era la base emocional: un estado de calma. Arriba de esa línea existen picos de emoción, felicidad, orgullo. Abajo: picos de tristeza, enojo, frustración.
Todos tenemos estos picos son parte de la vida. La diferencia es quién está sosteniendo la libreta. Esta paciente vive con muchas expectativas y notamos que sus emociones casi siempre están puestas afuera. No porque no sienta, sino porque lo que siente depende de lo que otros hagan, digan o piensen. Ahí es donde la libreta cambia de manos.
02 Para pensar
Por ejemplo, se dedica a la música y, por el momento, no tenía un contrato estable, rotaba entre varias bandas durante el mes. Me decía que su estado de ánimo dependía de si una banda la contrataba o no. Es como si les entregará su libreta a ellos. Si la contratan, el pico de felicidad era tan alto que se salía de la hoja. Pero si no lo contrataban, el pico de decepción era igual de extremo, pero hacia el otro lado. Eso ya no son emociones que se mueven dentro de su libreta. Son emociones que dependen de que alguien más la esté sosteniendo. Y eso da una falsa sensación de intensidad y muy poca estabilidad.
Otro paciente me decía que no le gustaba conocer gente nueva. Al principio pensé que era penoso. Luego entendí que era otra cosa: cada persona nueva era alguien a quien le entregaba su libreta emocional. “¿Y si no le gusta esto de mi?” “¿Y si me juzga?” Si recibía una crítica, su estado emocional de todo el día se desplomaba. No porque fuera débil, sino porque su base emocional no dependía de él, esta base dependía del otro. Llegó al punto dónde nos dimos cuenta que lo que más le interesaba no era conocerse a sí mismo, sino ajustar su imagen a estás críticas o comentarios que había recibido durante los años para lograr esa aprobación externa.
Y si le aplaudían o festejaban algo, ahí la felicidad no era de él tampoco. Se convertían en picos prestados, y la mayoría de las veces los picos prestados vienen con bajones que tampoco controlamos.
03 Para hacer
No se trata de no sentir. Se trata de que tus emociones se muevan dentro de algo que tú puedas sostener. Emociones reales que dependan de ti.
Cuando tu libreta está en tus manos, los picos siguen existiendo. Emoción, frustración, tristeza, etc. Pero todo esto dentro de una base que no desaparece cuando alguien no te elige, no te aplaude o no te entiende.
Cuando la libreta está afuera, cada experiencia se vuelve extrema. La felicidad se siente enorme, pero un poco frágil, y la tristeza se siente cómo lo peor del mundo, porque no tienes dónde apoyarte.
Ir recuperando tu libreta no es volverte indiferente. Es construir una base segura para que esos picos se vuelvan parte de tu experiencia y no los dueños de tu estabilidad.
04 Para continuar
Soy fan de Scott Galloway, habla de responsabilidad emocional, de dejar de poner tu valor en el aplauso externo y empezar a construir una base interna más estable.
PS: Me encantaría que alguien escriba uno sobre mujeres pero igual creo que vale la pena.
42 Fuerza de voluntad
Con esto de enero y los propósitos, pensaba con un paciente de su problema de procrastinar incluso cosas “importantísimas”.
01 Para empezar
Con esto de enero y los propósitos, pensaba con un paciente de su problema de procrastinar incluso cosas “importantísimas”. Le pregunté si creía que existía una cura para su procrastinación. No dudo ni tantito y dijo: “fuerza de voluntad”.
Me explicó que sentía que tenía un 4/10 de fuerza de voluntad, y que no la tenía más alta porque la mayoría de las veces sus emociones se intrometían. Por ejemplo: sabía que tenía que mandar un correo clave a su jefe, pero cada vez que lo intentaba sentía ansiedad, incomodidad y una voz interna que decía “mejor no, seguro lo malinterpreta”. No era flojera. Era emoción mal gestionada
Y creo que ahí está el punto que casi nunca vemos: muchas veces no es que no tengamos voluntad, es que nuestras emociones la sabotean. La pregunta importante no es cómo tener más fuerza de voluntad, sino: ¿qué pasaría si pudiéramos alinear nuestras emociones con lo que decimos que nos importa?
02 Para pensar
Pensando en cómo regular estas emociones para que no se coman la voluntad, llegué a algo: la fuerza de voluntad no crece de un día para otro. Vive pegada a algo que se nos olvida, pero que es más grande: la disciplina. Y la disciplina no es rigidez ni castigo; es una forma de respeto hacia ti mismo.
Si no te gusta nada de ti, si no valoras nada de lo que eres o de lo que quieres, ¿qué vas a respetar? ¿Por qué me levantaría a hacer ejercicio a las 7 am si no valoro la longevidad? ¿Por qué dejaría una relación que me lastima si, en el fondo, no creo que merezca algo mejor? ¿Por qué ahorraría dinero si no tengo claro qué quiero para mi futuro? Por eso muchas veces creemos que hacemos de todo… menos esas cosas “importantísimas”.
No es falta de voluntad. Es falta de claridad sobre qué sí vale la disciplina y la constancia para construir esa fuerza de voluntad.
03 Para hacer
Podemos empezar por cuestionarnos qué hacemos por “deber ser” y qué hacemos por qué de verdad nos importa. A lo mejor para ti el ejercicio entra en el deber ser, y está bien. Podrás ejercer tu disciplina en otras cosas que para ti valgan más.
Y aquí está la clave: cuando empiezas a actuar desde lo que sí te importa, la disciplina deja de sentirse como una obligación y se vuelve coherencia. Te dejas de pelear contigo mismo para si sí, si no o a qué hora hacer eso que se siente tedioso.
Muchas veces creemos que la gente disciplinada “no siente ganas de rendirse”. La realidad es que sí las siente… solo que decidió escuchar algo más importante que la emoción del momento.
Y para esto necesitamos enfoque. Porque el enfoque es poder. Y la voluntad es, en el fondo, determinación para no traicionarte.
04 Para continuar
Esta película muestra cómo el talento y la inteligencia no bastan si no hay disciplina, enfoque y decisiones incómodas a tiempo.
41 La olla de presión
Mis pacientes ya han de tener esta metáfora memorizada. Siempre digo que la mente de cada quien funciona como una olla de presión.
01 Para empezar
Mis pacientes ya han de tener esta metáfora memorizada. Siempre digo que la mente de cada quien funciona como una olla de presión. Ahí metemos todo: la familia, los amigos, el trabajo, la pareja, las preocupaciones que no decimos, las conversaciones que evitamos, los temas que creemos “superados”. Todo.
Pero lo curioso es que no todo ocupa el espacio que creemos. A veces algo te importa mucho, pero como dices que “te da igual”, te convences de que no pesa. Y otras veces, cosas pequeñas —un comentario, una incomodidad, un sentimiento de deuda— ocupan más espacio del que te atreves a admitir.
Ignorar algo o dejarlo para pensar después no lo saca de la olla. Solo hace que no lo veas mientras sigue calentándose ahí adentro. Y cuando finalmente “explotas”, no es por lo último que pasó… es por todo lo que estaba acumulado antes. Ojo: normalmente pedimos ayuda cuando la tapa de esta olla ya salió volando, sin saber lo que hay dentro de ella.
02 Para pensar
Caso 1: La fiesta que costaba demasiado
Un paciente me contaba que hizo su fiesta en casa de un amigo “para pagarle”. Yo le pregunté si con sus otros amigos también tenía ese sentimiento de tenerles que pagar. Y él me explicaba que no, que era esa relación en específico, que sentía ese peso de deuda. Y ahí estaba: él no le debía nada a sus papás ni a su tío, pero con sus amigos sí sentía deuda. Condicionalidad = fragilidad. Esas relaciones donde todo parece costar, donde caminas con pinzitas, pensarías que ocupan el espacio de una relación normal… pero ocupan un lugar enorme en la olla de presión. No explotan por sí solas, pero llenan la olla.
Caso 2: “Me fui a descansar”, pero…
Otro paciente me platicó que se había ido 5 días a casa de su novia a descansar y desconectarse. Pero mientras avanzaba la sesión, era evidente que había más: fricción, incomodidad, ruido emocional. ¿Descansar de qué? Normalmente la historia que le contamos a nuestra psicóloga es la misma historia que nos contamos a nosotros mismos. Cuando hay fricción que no nombras, la olla se sobrellena sin que te des cuenta… hasta que aparece la ansiedad.
Caso 3: Lo que ignoras también pesa
En la sesión de esta semana, otro paciente me preguntaba qué tenía de malo ignorar un tema incómodo. La respuesta me salió del alma: porque ignorarlo no lo saca de la olla. Aún peor: piensas que no ocupa espacio, pero sí. Según él, podía ignorar el tema de su familia, pero cuando pensábamos en esta olla de presión con espacio limitado, nos dimos cuenta de que claro que ocupaba más espacio del que él estaba considerando.
03 Para hacer
¿Y total qué hacemos? Yo, en lo personal, quiero empezar el año con la menor presión posible en mi mente. La presión baja cuando traes claridad. Y baja aún más cuando dejas de contarte historias que no son ciertas.
La olla no necesita que cambies toda tu vida. Solo necesita que dejes de meterle cosas sin darte cuenta… y que abras un poco de espacio para que el vapor salga.
La próxima vez que explotemos o sintamos ansiedad “sin razón”, creo que no hay que preguntarnos “¿qué pasó ahorita?”, sino: “¿Qué más hay en mi olla?”
04 Para continuar
Un libro un poco fuerte, pero el ejemplo perfecto de que hay mucho más detrás que no vemos.
40 Último momento Para Pensar
La semana pasada, en la última sesión del año, un paciente me dijo algo tan honesto que se me quedó grabado: “No estoy feliz con mi vida, pero no sé cómo dejar de enfocarme en lo negativo.”
01 Para empezar
La semana pasada, en la última sesión del año, un paciente me dijo algo tan honesto que se me quedó grabado: “No estoy feliz con mi vida, pero no sé cómo dejar de enfocarme en lo negativo.”
Lo curioso es que no lo decía desde el drama, sino desde el cansancio. Con él descubrí algo que veo mucho: el sobrepensar y la queja constante parecen acción… pero no lo son. Te consumen energía, te desgastan, te ocupan todo el espacio mental, pero no te mueven a ningún lado.
Y lo más interesante es que aun así, son un lugar seguro. Mientras estás estancado en tus pensamientos, no tienes que hacer nada nuevo, no tienes que salir de tu zona de confort, no tienes que arriesgarte a que algo no te salga.
El, cómo muchos de nosotros, tenía una capacidad impresionante de no dejar de pensar en el problema. En cuanto algo le preocupaba, se envolvía en eso: una crisis de trabajo que se mezclaba con su vida personal, un comentario mínimo que se convertía en una historia completa, un “¿y si…?” que terminaba en 3 mil escenarios catastróficos.
02 Para pensar
Y sin embargo, lo que realmente necesitaba no era seguir pensando en el problema, sino pensar en algo más. Cambiar el enfoque, aunque fuera un milímetro.
“The Sweet Spot is about shifting the small gears, the ones that rotate relatively easily. And because all the gears are interlocking, when we tweak a small gear, large gears start to move—effortlessly—as well.”
Este paciente no necesitaba una vida nueva. Necesitaba mover una pieza chiquita.
03 Para hacer
A veces creemos que para cerrar el año tenemos que hacer cambios enormes: sanar heridas profundas, resolver relaciones complejas, tomar decisiones trascendentales, reinventarnos. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si el verdadero cambio empieza con sólo una pieza?
En elegir un pensamiento distinto. En poner un límite pequeño. En dejar de darle tanto espacio mental a lo que no puedes controlar. En salir un momento de ese “lugar seguro” que en realidad solo desgasta.
Este paciente se dio cuenta de que su vida no se iba a transformar por dejar de quejarse, sino por comenzar a mover su enfoque. Por ejercitar la habilidad de dirigir la mente a otro lugar cuando se empezaba a enredar. En estás ocasiones, yo creo que el crecimiento no se nota porque es interno. Pero se siente. Y si no lo subestimamos, las piezas chiquitas parecen irrelevantes pero cuando menos te das cuenta, empiezan a mover las grandes.
04 Para continuar
Perdonar es el ejemplo perfecto de que una decisión chiquita te puede cambiar completamente de dirección.
39 Intuición
¿Qué te dice tu intuición?
En una sesión la semana pasada, una paciente me decía que sentía su intuición “apagada”.
01 Para empezar
¿Qué te dice tu intuición?
En una sesión la semana pasada, una paciente me decía que sentía su intuición “apagada”. No porque no la tuviera, sino porque la ansiedad hacía demasiado ruido y ya no sabía distinguir entre lo que realmente sentía y lo que era miedo. Y creo que eso pasa mucho.
Mi percepción de la intuición es que no es una voz mágica o inventada, sino una percepción interna construida de experiencias, emociones y memoria. Pero cuando le metemos ansiedad, saturación o autoexigencia, esa voz se distorsiona. Empezamos a decidir desde el miedo, desde lo que todo el mundo espera, desde la autocrítica que cada vez suena más fuerte.
Creo que ahí la intuición no desaparece: solo queda enterrada debajo de todas esas capas.
02 Para pensar
Hay una diferencia importante entre intuición y ansiedad:
La intuición es silenciosa: no presiona, no acelera, no exige. Probablemente se sienta como una claridad suave.
La ansiedad es ruidosa: interrumpe, anticipa, dramatiza. Probablemente se sienta como urgencia.
La intuición aparece cuando estamos presentes. La ansiedad viene del futuro, aparece cuando estamos proyectados en lo que podría pasar.
Con esta misma paciente hablábamos de cómo volver a conectarse con esa intuición que estaba escondida debajo de todo lo demás. Sentía que estaba tomando decisiones desde el miedo, y que eso no le estaba ayudando; al revés.
03 Para hacer
Y nos dimos cuenta de algo interesante: la intuición se fortalece cuando la usas en lo pequeño. Elegir qué necesitas hoy por más simple que sea: si descansar o socializar, si decir que sí o decir que no, si algo se siente bien o no. Y de esta manera empiezas a entrenar tu intuición, tu manera de escucharte para que esta confianza crezca poco a poco, creo que la clave está en la paciencia, que muchas veces es difícil de tener con nosotros mismos.
La pregunta es simple: ¿Esto viene de calma o de urgencia? La intuición es expansiva; la ansiedad es contractiva. Como todo músculo, la intuición crece cuando la usas.
04 Para continuar
Tetris: Un claro ejemplo de seguir tu intuición.
38 Desapego
La semana pasada hablábamos de la carencia: de cómo, cuando actuamos desde el hambre emocional, elegimos distinto. Lo mismo pasa con el amor.
01 Para empezar
La semana pasada hablábamos de la carencia: de cómo, cuando actuamos desde el hambre emocional, elegimos distinto. Lo mismo pasa con el amor. Cuando creciste sintiendo que tenías poco, un amor incondicional se siente raro… incluso puede parecer un riesgo.
Esta semana trabajé con un paciente que describía sentirse desapegado desde niño. Platicando sobre su pasado, entendimos por qué. Mucho de lo que llamamos “desapego” es, en realidad, una forma sofisticada de protegernos.
Creció siendo muy diferente a sus papás, especialmente a su papá: un señor social, cálido hacia afuera, pero frío con él. Además, en su casa había vivido un duelo muy profundo: su hermano pequeño con cáncer. Para un niño es demasiado peso. Aprendió a no necesitar, a no pedir, a no molestar. Ese patrón (que para los psicólogos podría confundirse con un rasgo esquizoide) no es falta de cariño, sino un mecanismo de defensa: si no pido, no me pueden rechazar.
02 Para pensar
Ahora, ya adulto, se da cuenta de que esa barrera emocional lo protege… pero también lo limita. Cada vez que intenta acercarse a su papá, se siente incómodo. La vulnerabilidad le cuesta porque lo conecta con su autoestima. Y eso, como platicamos, nace del autoconocimiento y la seguridad interna, no de las respuestas del otro.
Hay historias que pesan más por lo que no se dijo que por lo que sí.
Al platicar más sobre su familia, apareció algo clave: su papá también venía de una historia marcada por el abandono. Fue adoptado, por ser hermano del bebé que realmente querían adoptar, siempre fue la segunda opción, cargaba un pasado duro, incluso violento. No pudimos encontrar un modelo de cariño genuino cercano. No podemos dar lo que no tenemos.
Cuando entendió esto, algo se movió dentro de él. No para justificar, sino para comprender.
03 Para hacer
Porque en el fondo, él buscaba una mejor manera de relacionarse con su papá pero logró romper un patrón generacional: El desapego, la dureza, la idea de que pedir afecto es peligroso.
Que fuerte se me hace, cambiar la historia con la que fuimos criados. Criar (literal o simbólicamente) desde un amor que nadie nos enseñó, pero que estamos aprendiendo a construir para quienes vienen después.
¿De dónde aprendimos a amar como amamos? Si nuestros papás hicieron lo que pudieron con lo que tenían… ¿Qué nos toca hacer diferente hoy?
04 Para continuar
Buscaminas: a mi me encanta su Instagram y su Newsletter, siento que es de esos espacios que te invitan a reflexionar y cuestionarte más allá de lo que “siempre hemos pensado”.